A PROPÓSITO DE LA OBRA HASTÍO MENTAL
DE BRENDA GATICA
por Tulio Mendoza Belio
Academia Chilena de la Lengua
Premio Municipal de Arte de Concepción
Jurado Festival de Teatro Universidad Católica de la Santísima Concepción 2009
La Compañía de Teatro Líos de Faldas, integrada por Nicol Muster, Carla Villagrán, Sofía Hermosilla y Brenda Gatica (directora y autora), nos presenta una interesante puesta en escena de la obra “Hastío mental”, cuya estructura dramática está compuesta por cuatro cuadros integrados que se resuelven en cuatro soliloquios representados por cuatro mujeres. Parece que fuera un viaje desde un íntimo femenino a un femenino plural expresionista y abierto en el cual se reencuentra algo del paraíso perdido. El viaje está jalonado por una constante reflexión y crítica hacia todo lo que las rodea, al sistema que las oprime y el espectador debe recomponer las partes y hacer “visible” ese texto crítico-reflexivo que se expresa, principalmente, a través de la expresión corporal, del movimiento, del lenguaje no verbal. El otro texto, el explícito, el dicho en voz alta, busca instalarnos en el tiempo de las protagonistas de esta historia, de sus propias historias (que también son, en parte, las nuestras): se diría cuatro seres en una jaula cuyos barrotes deben caer.
El Diccionario de la Academia señala que “hastío” es “disgusto”, es decir, “Sentimiento, pesadumbre e inquietud causados por un accidente o una contrariedad”, “Fastidio, tedio o enfado que causa alguien o algo”, “Encuentro enfadoso con alguien, disputa o diferencia”. Y en esta interesante obra, el hastío es “mental”, pero curiosamente lo “mental” no tiene existencia fuera de la mente sino como una proyección y por lo tanto, ese hastío debe transformarse, tomar cuerpo, salir, brotar hacia afuera y hacerse presencia, conciencia y evidencia de algo. Ese algo es la obra. Esto es precisamente lo que siente el espectador, porque asiste, principalmente, a un teatro donde el cuerpo es la materia y el vehículo de comunicación por excelencia. La expresión corporal, la gestualidad, la mirada, todo es un torbellino de fuerza y movimiento, de símbolos en movimiento, de silencio en movimiento, pues, como ya hemos dicho, se debe reconstruir el texto que no se dice, pero que se expresa con acción, música y alma. La música elegida corresponde a la banda “8 Bolas” con un tributo al gran Pablo de Rokha y, al finalizar la obra, se escucha música de la banda experimental de Concepción, Mapamundi.
Como el “texto” es principalmente movimiento (aunque también, como ya hemos dicho, hay texto dicho en voz alta), la coreografía es el elemento central. Está muy bien realizada, es ágil, variada, coordinada, siempre activa, con desplazamientos sugerentes y adecuados a un espacio que también es opresivo: lo demuestra la presencia de las cuatro protagonistas en el escenario, cada una en su espacio, y el juego de roce y contacto entre ellas: es un diálogo de piel a piel. El conjunto de pasos y figuras que escriben y describen el “relato” de esta obra, es una muy buena y lograda adecuación de elementos, todos ellos al servicio de una comunicación más plasmada, unitaria, lúdica y sugerente, poética a fin de cuentas.
En cuanto a los textos explícitos, dichos en voz alta, son cuatro más uno que escuchamos en una voz en off. El primer texto nos plantea la disyuntiva entre el amor y la soledad, la huida y la esperanza, el recuerdo y la pasión, la dicha y el asco de la vida: “Estoy en un circulo vicioso, virtuoso, estoy al borde de la ternura, (de la locura), buscando un cariño que no volverá …”
El segundo texto es la voz en off: la conciencia del tiempo como un tirano que marca nuestras horas y nos transforma en seres para la muerte, hay distancias evidentes, llamadas y rutinas que torturan: “No es la hora de despertar ni levantarse, hoy no existe un día de sol, tampoco presenciarás una tarde melancólica. En cambio si habrá un reloj marcando tu tiempo, tu vida enjaulada; tu pasado atorado en el vientre, tu presente distante de ti mismo, y tu futuro colgando de tus nalgas.”
En el tercer texto aparece por primera y única vez el título de la obra (Hastío mental): es “una larga espera en el conflicto continuo de desesperanza”, hay crítica social, hay inconformismo, búsqueda de un sentido que darle a la existencia, cuestionamientos, preguntas: “Mi vida tan sólo cobra sentido en un canto desesperado;/ Y una vez más el hastío mental, el eje central está destruido,/ podrá cambiar la estructura? “
El cuarto texto amplía e insiste en cuestionar y preguntar por el sentido de la vida a través de un lenguaje coloquial y directo: el empleo del garabato afirma, reafirma y confirma ese estado de desesperación inconformista con el devenir y la cotidianeidad de la existencia, con nuestra sociedad, con el sistema de libre-mercado: las religiones dogmáticas, la familia como institución, el tener que estudiar, el amor, la espiritualidad, lo material, todo se va al diablo, porque lo que se busca y desea es la verdad, “nada que tenga olor a mentira o a doctrina”.
El quinto y último texto es el más logrado poéticamente, su belleza consiste en la tragicidad que expresan las palabras para situarnos frente a la Enfermedad y la Muerte, así con mayúsculas, como si fueran personajes o máscaras que siempre acompañan al ser humano: la culpa, el miedo, el pavor, la enfermedad, la muerte, el perdón, la traición, la mentira, la decadencia y sobre todo las palabras que nombran todo esto, porque, y aquí lo más logrado del texto (y de la obra toda), es que esas palabras nombran esa “zona muda”, la muerte, de la cual nos habla el poeta Enrique Lihn (a pesar de que él nos dice que no hay palabras que la nombren). Lo interesante es que al final, a pesar de la desesperanza, de un nihilismo aparente, aparece la figura de la “resurrección” que siempre he considerado atractiva y potente, tanto desde el punto de vista literario como humano:
La enfermedad es debilidad, yo he caído en esas palabras
¡Tú hijo de la gran puta hiciste cumplir tus palabras!
Disculpa mí insensatez, pero en este pavor inquebrantable,
aún respiro y pido por mi resurrección.
En resumen, una obra atractiva y actual, en la cual se pone en diálogo muy productivo la danza contemporánea y la poesía, el texto y el movimiento, un texto no-verbal que se formaliza a través de la expresión corporal y la música, con recursos que logran plasmar el mensaje de modo muy logrado y que consigue hacer un cómplice del espectador, como quería Julio Cortázar.
Concepción, noviembre de 2009.
No hay comentarios:
Publicar un comentario